Por: Mayda Gómez
9 de septiembre de 2026

Hoy medito y agradezco cada experiencia que me brinda mi trabajo.
Cuenta la historia que un día nació un niño diferente. Solo miraba y sonreía. Sus ojos brillaban al ver amigos llegar, como si su visita fuera el regalo más hermoso. Pienso que posiblemente él lograba ver la presencia de Dios en cada persona. Es como si esas historias que nos cuentan, que Dios está en nosotros, fueran algo real. Pensamiento absurdo, quizás.
Continuaba mirando cómo era su vida. Jugaba con su trompo, jugaba con las gomas o llantas de su carro, trataba de colorear, pero de repente deseaba saborear esos lápices de colores.
¿Te has fijado que, si miras los crayones con su variedad de colores, se podrían antojar? A ver a qué saben… ¿Verdad que sí?
Era tan puro que sus pensamientos reflejaban alegría y todo a su alrededor era motivo de risas y juegos. Así que desear saborear una deliciosa crayola y tomar acción inmediata era cuestión de segundos, el mismo tiempo que tomaba escupirla.
Tenía un juguete preferido. Sí, ese que daba vueltas, prendía luces de colores y tenía canciones. Podía estar horas disfrutando y sonriendo. Era tan feliz.
Mientras tanto, el mundo lo observaba como si ser feliz, reír, abrazar y jugar no fuera algo bueno. Sus amiguitos escuchaban a los adultos comentar que algo sucedía. Entonces, a los que le rodeaban se les iban apagando sus risas.
Un día llegó una visita a la casa de Raulito, como llamaremos al niño de la historia. La familia tenía dos hijos. Raulito observaba por la ventana cómo se acercaban los niños. Ellos venían riendo, jugando con una bola de tenis, y él, emocionado, esperaba compartir con ellos.
Al entrar, les piden que no se muevan de la sala. Raulito se acerca con su bella sonrisa, los mira a los ojos y corre a su cuarto en busca de su juguete favorito: el trompo de luces y canciones. Para él era darles la bienvenida, compartir algo querido.
Los niños, deseosos de jugar; los padres, en su conversación seria y tratando de evitar que sus hijos demostraran su alegría. Mientras tanto, Raulito sonriendo, ajeno a lo que ocurría. Quizás pensaría que los niños estaban enfermos.
Raulito interrumpía la conversación para tocarle la cara a su mamá, decirle: “Te amo”, sonreírle y correr de nuevo a jugar.
Recuerdo un día, tomó una cacerola y un tenedor de metal y comenzó a darle cantazos. Para él era música, emociones, melodías, fiesta. Para otros era un alboroto.
Muchas veces el alboroto de unos es la expresión de gozo de otros. El silencio de unos puede ser meditación, inspiración y, para otros, es un espacio donde su mente le grita, reclama, maltrata. Pero sigue siendo silencio.
Raulito seguía creciendo y comienza en una escuela. ¡Qué alegría! Nuevos amigos, juegos y actividades adaptadas a sus necesidades.
¿Qué sucede entonces? Esperan ver un Raulito que va a la escuela, uno al que le querían apagar la risa, bajar el volumen de su alegría y, sin darse cuenta, lo que sucedía es que querían opacar su brillo inconscientemente.
En ocasiones relacionamos la risa con falta de profesionalismo, educación, cuando es realmente una herramienta poderosísima de conexión, de brindar amor, de contagiar la alegría de vivir.
La risa brinda ese bienestar emocional que tanto buscamos, como si fuera una aguja en un pajar, y realmente está al alcance de un respirar profundo, mirarnos a los ojos y regalar una sonrisa.
Esos pasos tan sencillos los traemos al nacer, pero se van contaminando.
Raulito podría traer cualquier diagnóstico que venga a tu mente, pero también podríamos ser tú y yo si no nos hubiésemos dejado impactar por la sociedad y sus estándares.
Son tantos los adelantos científicos que, en ocasiones, nos atrasan.
Raulito fue creciendo, un adulto con alma de niño. Sus padres envejecieron. A él lo acompañaba un trompo, quizás no el que tenía de niño, pero sí uno con luces y música que lo hacía soñar y reír.
Raúl ya vive en un centro de adultos mayores para personas con discapacidades intelectuales.
En cierta ocasión, Raúl enferma y lo hospitalizan. No se preocupen, nada grave.
Lo contradictorio en esta historia es que los encargados, quienes conocen sus gustos y sus capacidades intelectuales, están dirigidos por un sistema que ve números y condiciones. Ve una edad y posiblemente dicen: “Tiene asma”.
Comenzamos a ver a un Raúl inquieto, triste. Le ponen un televisor, quién sabe si con noticias o películas. Llegan, como ven a alguien que entienden que no los entiende, valga la redundancia, le toman los signos vitales y salen en silencio. En ocasiones, hasta con temor llegan a limpiar su cuarto.
¿A dónde quiero llegar con todo esto?
Una persona con capacidad de niño quiere sus juguetes, quiere reír, quiere mirar a los ojos y sentirse amado, quiere palabras de cariño.
Raúl quiere su trompo.
¿Qué estamos haciendo como sociedad para darle ese trompo?
Gracias a los adelantos médicos, hay muchos que por su edad son llamados “abuelos” y “abuelas”. Y son niños que perdieron su familia, son niños en busca de una sonrisa, son niños que nos dicen:
“Detente, no tengas prisa”.
A cada abuelo que se le tiene un bulto de emergencia por si va al hospital, asegúrense de ponerle lo que signifique para ellos un trompo.
Puede ser un peluche, una muñeca, un libro de colorear, un piano de juguete, una marioneta, cualquier cosa que le permita sonreír desde el alma.
Hablamos mucho de bienestar emocional, hoy te invito como risoterapeuta, como persona dedicada a provocar alegrías y risas en personas cansadas, agotadas, tristes a que te unas a la comunidad de Risas Doradas.
Regala una sonrisa a nuestros adultos mayores que hoy, a gritos, piden que quieren reír.
No viene al caso traer las razones por las cuales perdieron sus ganas de reír. Lo que sí necesitamos son agentes, equipos de soldados que se unan a provocar una epidemia de risas y alegrías.
Ya basta de contarle al mundo lo que nos aturde. Confía y cuéntale al mundo lo grande que es tu corazón.
Abraza sin miedo, ríe hasta que te duela la panza y contagia a otros “la Alegría de Vivir”.
“Raúl quiere su trompo. ¿Qué estamos haciendo como sociedad para darle ese trompo?”


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