Ode to the Little Finger

Ode to the Little Finger

Por: Mayda E. Gómez

2 de septiembre de 2026

¿Alguna vez has pensado en escribirles a tus dedos meñiques? Si lo analizamos, muchas veces son ellos los que nos recuerdan que estamos vivos.

Voy por el mundo caminando deprisa y, ¡zas!, me llevo con el pie el borde de una mesa. Son esos instantes que no solo me recuerdan que estoy viva; también me recuerdan el sol, la luna, las estrellas y hasta la Vía Láctea.

Y me pregunto: si es láctea, ¿es porque da leche? Y si soy alérgica a la lactosa, ¿no debo mirar al cielo?

En fin, oda a mis meñiques, porque con tan solo una caricia activas mi risa. Con un buen zapato te acomodas tranquilo, pero con un cantacito viajamos por el mundo, recordamos palabras dignas del folclore y hasta nueva jerga podemos añadir a nuestro dialecto.

Gracias, meñique. Tus características te han situado junto al dedo anular, ese que dicen que llega directo al corazón. Así se siente también tu presencia: basta un tropiezo o un descuido para hacer vibrar hasta lo más profundo.

Dedo meñique, pequeño en tamaño, pero sabes hacerte grande al pasar por todas las esquinas.

Parte de mi bienestar emocional consiste en despertar y rápido procuro pintar una sonrisa en mi cara. El primer mensaje que llega a mi mente es: “Estoy viva”, e inmediatamente pienso: “Gracias, Dios”.

Entonces comienzo a meditar sobre cada parte de mi cuerpo. Muevo cada uno de los dedos de mis pies, respiro profundo, agradezco y pienso: tan calladitos que se ven… y basta tropezar con la esquina de la cama para que te dejes sentir toda la semana, ¡como si yo no supiera que estás ahí!

Yo creo que te gusta que te hablen.

Y si te hablo de esa manera, siento que reímos juntos: mi dedo meñique del pie derecho y yo.

Porque sí, aunque tengo dos dedos meñiques que parecen iguales, son distintos. Pertenecen a diferentes pies: uno es derecho y el otro izquierdo. Fíjense, ¡hasta están mirando para lados contrarios! Y el dedo vecino parece empeñado en que no se conozcan.

¡Qué responsabilidad la nuestra! Debemos presentarlos y tratarlos de forma individual.

Sigo meditando y concluyo que el meñique tiene su carácter, su alegría, su actitud y su fuerza.

Tan débil que te ves y, sin embargo, tienes la fuerza suficiente para provocar todo un baile cuando alguien te impacta.

Tan pequeño y, aunque te escondas y trates de pasar desapercibido, sabes hacerte sentir en tu totalidad.

Gracias por ser parte de mi balance al caminar, por ser mi alegría al despertar, mi alerta, mi alarma ante el peligro y mi voz cuando voy en silencio… y tropiezo.

Hoy los honro y los reconozco.

A mis pequeños, silenciosos y poderosos meñiques.



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Mayda Gómez

«"Laughter and recreational activities disconnect us from worries and connect us with our hearts, produce a feeling of well-being, and invite us to want to spread that joy to those we love and who surround us."»

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